Es necesario conocer en qué situación se encontraba el último reducto musulmán en la Península Ibérica para entender cómo se desarrolló la ciudad cristiana tras la conquista. Fue un enorme cambio económico, cultural, ideológico, político y religioso que se plasmará en el nuevo urbanismo que vamos a contemplar, teniendo en cuenta, obviamente, los cambios producidos en los siglos XIX y XX que han distorsionado tanto el aspecto de los edificios como sus usos.
En la Península Ibérica, a finales del siglo XV, existían 5 reinos: Reino de Portugal, Reino de Castilla, Reino de Navarra, Corona de Aragón y Reino Nazarí de Granada.
En 1453, los turcos otomanos conquistan Constantinopla y, alimentados por sus importantes recursos humanos y técnicos, avanzan por el valle del Danubio hacia Viena. En el sur, tanto Venecia como Nápoles y Sicilia se encontraban en gran peligro.
La presencia militar de Francia y España parecía la única garantía que evitase la presencia del Islam en el Centro de la Cristiandad.
La noticia de la eliminación del enclave musulmán más occidental, el Reino Nazarí de Granada, tenía un valor de símbolo.
El siglo XIV fue el canto del cisne de la cultura islámica española.
Durante el siglo XV, este reino apenas recibía apoyo económico, cultural, militar del Norte de África, región muy empobrecida respecto al Islam oriental, el del imperio turco, así que poco podía esperar el reino nazarí de ellos.
En aquellos años, de no haber estado sometido a la presión permanente de un estado de guerra, hubiera podido ofrecer a sus habitantes condiciones de vida muy llevaderas; aunque el medio físico no fuera rico, la laboriosidad de sus habitantes y un reparto no demasiado desigual de sus recursos subvenía las necesidades más perentorias. Un gran sentido de la solidaridad y una gran generosidad ayudaban a rescatar a los más indigentes. Los bienes comunales y las fundaciones benéfico-religiosas operaban en el mismo sentido. Pero, estaban amenazados por las luchas internas entre sus poderosas familias nobiliarias y el gigantesco vecino castellano.
El reino nazarí estaba formado por un conjunto de comunidades campesinas, ciudades pequeñas, otra mediana (Málaga) y una macro-ciudad, Granada.
Granada era una ciudad rica por la fertilidad de su vega, por la riqueza que le proporcionaba el comercio de la seda y por ser la capital de la corte, establecida de forma permanente en el ciudad a diferencia de la corte itinerante castellana.
En época nazarí, la ciudad tenía unas setenta mil casas y cubría una extensión algo inferior al casco histórico actual, aproximadamente 500 hectáreas.
Granada, como el resto de las ciudades hispano-musulmanas estaba constituida por un núcleo central cercado por muros, llamado “medina” y por una serie de arrabales también amurallados que se articulaban en su entorno. Existían, asimismo, los barrios o “hara” que se inscribían dentro de la medina y los arrabales. Estos, aparentaban en su forma una ciudad minúscula e independiente, organizada alrededor de la mezquita y que tenía sus zocos o mercados, sus tiendas, sus hornos, sus alhóndigas y sus baños.
Las calles eran angostas, tortuosas y quebradas, con la sola excepción de la de la Alcaicería (especie de pequeña almudena o centro comercial dedicada a la seda, la lana y los paños) que eran rectas y trazadas a cordel.
En los pequeños barrios muchas callejuelas se cerraban, especialmente durante la noche, con puerta propia.
La medina granadina ocupaba la parte más plana de la ciudad. En su interior no existían amplios espacios libres ni zonas verdes. Esta escasez se compensaba por los jardines y patios adornados con plantas que tenían muchas viviendas y por la abundancia de árboles y pequeños arbustos que crecían en calles, plazas y cerca de las mezquitas. Se acredita esto por el hecho de que muchas mezquitas eran conocidas por el nombre del árbol o arbusto que crecía en su entorno.
En la ribera izquierda del Darro, al pie de Torres Bermejas, se extendía la Judería.
Al este se encontraba la principal arteria de la ciudad, la calle de Elvira. Constituía una zona residencial aristocrática como pueden atestiguarlo los palacios o restos de palacios allí existentes. Por encima de Elvira se encontraba el barrio popular del Cenete. Entre Elvira y Bibarambla existían otros tres barrios.
Los Arrabales eran 4: el de los Alfareros, el del Albayzín, el del la Loma y el de Bibarrambla. Posteriormente se añadió el quinto, el de la Antequeruela. Los arrabales, con respecto a los barrios tenían más densidad de población y más aislamiento físico al estar rodeados de murallas.
Alrededor de la ciudad se desplegaba un amplio cinturón suburbano salpicado de casas de campo blancas (alquerías) y vegetación de lo más variada. Las abundantes acequias regaban las huertas y mantenían un verdor perenne en esta zona.
La conquista de Granada en 1492 fue el inicio de la pérdida de identidad urbanística y del desmoronamiento lento de sus elementos referentes más característicos sobre cuyas ruinas emergerán ahora los nuevos monumentos cristianos.
En la ciudad de Granada
Grandes alaridos dan.
Unos llaman a Mahoma
Otros a la Trinidad
Por un cabo entran las Cruces,
De otro sale el Alcorán
Dónde antes oían cuernos,
Campanas oyen sonar
El Te Deum Laudamus se oye
en lugar de Alá, Alá, Alá.
No se ven por altas torres
ya las lunas levantar,
mas las armas de Castilla
Y Aragón ve campear;
entra un rey ledo de Granada,
el otro llorando va;
Mesando su barba blanca,
Grandes alaridos da,
¡Oh mi ciudad de Granada,
sola en el mundo sin par!
Obra anónima perteneciente al Romancero Viejo.
Se firmaron el 25 de noviembre de 1491.
La ciudad de Granada tuvo unas capitulaciones muy “benignas” en relación con las que tuvieron otras ciudades del reino como por ejemplo Málaga.
En ellas se estipulaba las exactas condiciones en las que se efectuará la toma de la ciudad y la situación en la que habrían de quedar sus habitantes. Existía además otro documento secreto en el que se establecían los privilegios que los RRCC otorgaban a la familia real granadina.
Se garantizaba la práctica de su religión a los vencidos y el respeto de los derechos y libertades que a los granadinos musulmanes le correspondían como súbditos de la Corona.
El objetivo de estas dádivas era crear una imagen de reconciliación y de tolerancia hacia los vencidos así como limar asperezas.
Otras concesiones de importancia fueron amnistías por delitos de guerra o de cualquier otro delito anterior, la inviolabilidad del domicilio, el respeto a los musulmanes que habían sido cristianos (renegados) y la redención de los cautivos que afectaba solo a los ciudadanos granadinos y no a cualquier otro musulmán.
Las propiedades de los bienes muebles e inmuebles se consolidaban en la misma situación en la que se hallasen en el momento de la capitulación.
Las fortificaciones, residencias y bienes de los monarcas nazaríes pasaban a poder de la corona castellana.
Se reconoció a los mercaderes musulmanes su libertad para comerciar y a los trabajadores musulmanes su derecho a recibir retribución justa por su labor así como a ejercer sus deberes fiscales, aunque para aliviar las penurias provocadas por la guerra, no pagarían tributos por propiedad de casas y heredades durante un trienio.
A los musulmanes vencidos se les ofreció la posibilidad de emigrar a África poniendo a su disposición barcos que los transportaban gratuitamente. Se podían llevar sus pertenencias excepto oro, plata y caballos (salvo miembros de familias aristocráticas o familia real nazarí). Asimismo, aquellos musulmanes que optaron por permanecer aquí, se les autorizaba a instalarse en cualquier lugar de Castilla. Hubo pocos casos de este traslado y la mayoría optó por permanecer en su lugar de origen.
En la realidad, aunque se tratarán de paliar y dulcificar, siempre existieron diferencias y abismos culturales e ideológicos entre los vencedores cristianos y los vencidos, por lo que muchos cristianos opinaban que la verdadera y definitiva conquista del reino nazarí se conseguiría con la asimilación, castellanización y cristianización de los mudéjares.
En definitiva, fueron tiempos de acuerdos, de generosidad, de trabajo por la paz pero también tiempo de incumplimientos legales, de intolerancias, de cicaterías y de injusticias.
A partir de 1499 la situación cambió con la llegada del Cardenal Cisneros que tenía el encargo de asumir la evangelización del reino de Granada. La estancia de Cisneros en esta ciudad es muy importante por la presencia franciscana que influyó en la estructura de la capital.
Se enfrentó con inusitada intolerancia al problema de los helches o renegados (cristianos convertidos al Islam).
Estas medidas provocan una primera revuelta y alzamiento de los mudéjares del Albayzín y la Alpujarra. Desde ese momento solo tenían tres caminos:
2. Exiliarse.
3. Rechazar el bautismo y convertirse en esclavo.
Las capitulaciones quedaron en papel mojado.
Hemos hablado de mudéjares y moriscos. La diferencia entre ellos es la siguiente:
Mudéjar: musulmán que vive en territorio cristiano.
Morisco: musulmán convertido al cristianismo. A menudo se les acusaba de practicar su religión en secreto.
Mozárabe: Cristianos que vivían en Al-Andalus.
Muladí: Cristiano o descendiente de cristianos que se convertía al islam.
En 1492 se inicia una etapa de grandes transformaciones de la ciudad cuyo objetivo es readaptar el espacio y la edificación según las nuevas condiciones políticas e ideológicas de la cristianización.
La primera repercusión de la conquista cristiana está relacionada con la expulsión de los judíos. La zona Realejo-San Matías donde se hallaba la judería queda vacía y es reocupada por los Castellanos (de ahí los innumerables palacios de esta zona)
El Albayzín se va convirtiendo en un “guetto” donde se confina la población musulmana mientras los cristianos ocupan la totalidad de la zona baja.
Se van construyendo parroquias, conventos, ermitas, monasterios sobre todo en el perímetro de la muralla o bien extramuros: San Jerónimo, Santo Domingo, La Merced (Puerta de Elvira), La Trinidad, Santa Cruz, Comendadoras de Santiago y la Victoria. Se ubicaban todos ellos en espacios propiedad de la corona y estaban dotados de un amplio espacio de huertas y terrenos de labor. Más tarde se convertirían en focos en torno a los cuales se estructura el crecimiento urbano. Se construyen además tres obras emblemáticas de los vencedores cristianos que son la Capilla Real, el Hospital Real y poco después la Catedral.
Las parroquias se construyen sobre las antiguas mezquitas así como la Catedral y el Sagrario sobre la Mezquita Mayor.
Se ensancharon algunas calles y plazas. Se derribaron cobertizos y ajimeces
(ventanas divididas por un parteluz). Se prohibió la utilización de los baños públicos.
Se amplía Plaza Nueva para construir el palacio de la Real Chancillería y Cárcel.
La Plaza de Bibarrambla o Bib-Rambla , lugar principal en la ciudad islámica, se transforma en un lugar para los espectáculos.
Todo este proceso transformador culmina en la iniciación del Palacio de Carlos V.
Es de extraordinaria importancia para observar todos estos cambios “la Plataforma” de Ambrosio Vico. Es un documento gráfico encargado por el arzobispo Pedro Vaca de Castro y Quiñones. Data de 1596 y fue grabada en 1613 por Francisco Heylan. En ella se relacionan 70 nuevos edificios religiosos, 11 hospitales, 6 colegios en manos de órdenes religiosas, 14 puertas (del recinto amurallado musulmán).
Las viviendas son también objeto de cristianización. Aparece el “Carmen”, en los barrios altos abandonados por la población morisca, en los barrios más bajos y llanos se extiende la “Casa-patio” de dos plantas donde coexiste la tradición de la casa morisca con patio central y alberca y la castellano-aragonesa, de patio central en torno al cual se disponen las habitaciones.
La variante para las clases altas de este tipo de vivienda comprendía una fachada que sigue los estilos artísticos del siglo XVI y
XVII (Renacentista y barroco), con heráldica, zaguán en la entrada, patio porticado, escalera imponente, uno o dos torreones laterales. En ellas abunda la decoración mudéjar en los artesonados.
Muchos de los palacios de esta zona responden a esta tipología y algunos de ellos, convertidos en hoteles, la han respetado.